”
Lee, escribe y comparte lo que Dios pone en tu corazón.
Al que cree todo le es posible
Devocional: “Al que cree, todo le es posible” Versículo base: “Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.” Marcos 9:23 — RVR1960 Hay momentos en la vida donde sentimos que la situación es demasiado difícil, que ya no hay fuerzas, que la respuesta tarda o que el corazón se llena de dudas. Pero Jesús nos recuerda una verdad poderosa: la fe abre camino donde humanamente parece no haber salida. En Marcos 9, un padre desesperado lleva a su hijo delante de Jesús. Él venía cargado de dolor, cansancio y necesidad. Su frase fue: “Si puedes hacer algo… ayúdanos”. Pero Jesús le responde: “Si puedes creer…”. No era que Jesús no pudiera; el punto era que aquel hombre necesitaba aprender a confiar. Muchas veces nos pasa igual. Sabemos que Dios tiene poder, pero nuestras circunstancias nos hacen mirar más el problema que la promesa. Sin embargo, Jesús no nos pide una fe perfecta, sino una fe sincera. Por eso el padre respondió: “Creo; ayuda mi incredulidad.” Marcos 9:24 Qué hermosa oración. Porque aun cuando nuestra fe tiembla, podemos acercarnos a Dios y decirle: “Señor, creo, pero ayúdame en mis dudas. Fortalece mi corazón.” Creer no significa negar la realidad. Creer significa reconocer que Dios es mayor que la realidad que estoy viviendo. Creer es descansar en que Él puede obrar, sanar, restaurar, abrir puertas, traer paz y hacer lo imposible posible. Para reflexionar Hoy Jesús también te dice: “Si puedes creer…” No mires solo lo que falta, no te detengas solo en lo difícil, no permitas que el temor sea más grande que tu fe. Pon tu confianza en Aquel que nunca falla. Lo que para vos parece imposible, en las manos de Dios puede transformarse en testimonio.
Dios guarda tus lágrimas
Salmos 56:8 — RVR1960 “Mis huidas tú has contado; Pon mis lágrimas en tu redoma; ¿No están ellas en tu libro?” Hay momentos en los que lloramos en silencio, sin poder explicar lo que sentimos. A veces son lágrimas de dolor, de cansancio, de miedo, de espera o de una carga que parece demasiado pesada. Pero este salmo nos recuerda algo precioso: Dios no es indiferente a nuestras lágrimas. David escribió estas palabras en medio de la angustia. Él se sentía perseguido, vulnerable y temeroso, pero aun así reconocía que Dios estaba atento a cada paso y a cada lágrima. La “redoma” era como una vasija pequeña donde se guardaban cosas valiosas. Esto nos enseña que para Dios nuestras lágrimas no son insignificantes; Él las recoge, las recuerda y las tiene presentes. Quizás otros no ven lo que estás atravesando. Quizás muchas veces sonreís por fuera, pero por dentro hay una batalla. Sin embargo, el Señor sí lo ve todo. Él cuenta tus huidas, conoce tus procesos, entiende tus silencios y registra cada lágrima en Su libro. Este versículo nos invita a descansar en una verdad: ningún dolor vivido en la presencia de Dios se pierde. Tus lágrimas pueden ser el lenguaje que tu boca no logra expresar, pero Dios las entiende perfectamente. Para reflexionar Cuando sientas que nadie comprende tu dolor, recordá que Dios sí lo hace. Cuando pienses que lloraste demasiado, recordá que cada lágrima llegó delante de Él. Cuando creas que estás sola, recordá que el Señor está cerca de los quebrantados de corazón. Aplicación para hoy Entregale a Dios aquello que te hizo llorar. No escondas tu dolor delante de Él. Orá con sinceridad, porque Su presencia no rechaza tus lágrimas; las recibe con amor. Oración Señor, gracias porque mis lágrimas no pasan desapercibidas delante de Ti. Gracias porque conoces mis luchas, mis temores y mis procesos. Hoy te entrego mi dolor y descanso en la seguridad de que Tú me ves, me escuchas y me sostienes. Guarda mi corazón y transforma mi tristeza en confianza. En el nombre de Jesús, amén. Frase para guardar en el corazón: Dios no desperdicia tus lágrimas; Él las recoge con amor y las transforma en esperanza.
Mi fortaleza y mi escudo
“Bendito sea Jehová, Que oyó la voz de mis ruegos. Jehová es mi fortaleza y mi escudo; En él confió mi corazón, y fui ayudado, Por lo que se gozó mi corazón, Y con mi cántico le alabaré.” Hay momentos en la vida en los que nuestras fuerzas parecen agotarse. Oramos, lloramos, esperamos respuestas, y muchas veces sentimos que nadie escucha lo que pasa dentro de nuestro corazón. Pero este salmo nos recuerda una verdad poderosa: **Dios sí oye la voz de nuestros ruegos**. David no habla desde una fe superficial. Él conocía la angustia, la persecución, la soledad y la necesidad. Sin embargo, en medio de todo, pudo declarar: “Bendito sea Jehová”. Su alabanza nació de la certeza de que Dios lo había escuchado. Dios no solamente escucha; también sostiene. El salmista dice: **“Jehová es mi fortaleza y mi escudo”**. Fortaleza, porque cuando ya no podemos más, Él nos levanta. Escudo, porque cuando vienen ataques, temores, palabras, preocupaciones o luchas, Él nos cubre. El versículo también dice: **“En él confió mi corazón, y fui ayudado”**. La ayuda de Dios muchas veces llega cuando decidimos confiar, aun sin ver todavía la respuesta completa. Confiar no significa que no sintamos miedo; significa que, aun con miedo, elegimos descansar en Dios. Y cuando el corazón es ayudado por el Señor, algo cambia por dentro: vuelve el gozo, vuelve la esperanza, vuelve el cántico. La alabanza nace cuando recordamos que no estamos solas, que Dios nos oyó, nos sostuvo y nos ayudó. ## Para reflexionar ¿Qué ruego hay hoy en mi corazón que necesito presentarle a Dios con confianza? ¿Estoy dejando que Dios sea mi fortaleza, o estoy intentando sostenerme sola? ¿Puedo alabar a Dios aun antes de ver toda la respuesta? ## Oración Señor, gracias porque Tú escuchas la voz de mis ruegos. Gracias porque no soy invisible para Ti y porque cada lágrima, cada oración y cada carga llegan delante de tu presencia. Hoy declaro que Tú eres mi fortaleza y mi escudo. Ayúdame a confiar en Ti con todo mi corazón, aun cuando no entienda el proceso. Sostenme, cúbreme y renueva mi gozo. Que mi corazón vuelva a cantar, no porque todo sea perfecto, sino porque Tú estás conmigo, me ayudas y nunca me abandonas. En el nombre de Jesús. Amén. ## Frase para guardar en el corazón **Cuando Dios escucha mi oración, mi corazón encuentra fuerzas para volver a cantar.**